Me suelen llamar Chiti, aunque en el DNI figure Concepción Felisa Abraira Fernández. Soy profesora del Área de Conocimiento "Didáctica de las Matemáticas". Mis estudios me proporcionaron los títulos de "Licenciada en Ciencias (Sección Matemáticas)", "Diplomada en Profesorado de E.G.B (Especialidad Ciencias)" y "Doctora en Ciencias de la Educación".
Lo que este momento de mi vida profesional (año 2006, 53 años) me ocupa y preocupa es la formación de maestros en el área de Matemáticas. Mi punto de partida es que los maestros son la clave para la formación de ciudadanos (del mundo) cultos, independientes, críticos y reflexivos.
Mi objetivo profesional es contribuir a la formación de los responsables de la Educación Primaria como guía de las jóvenes generaciones para fomentar el deseo de aprender, para la autonomía en el aprendizaje, para fomentar actitudes de cooperación y solidaridad. En mi caso el "vehículo" son las Matemáticas, entendiendo ésta como un área más que ayudará a resolver los problemas que la vida plantea. Y también, en vista de la realidad de la actitud negativa de la gran mayoría de los estudiantes frente a las Matemáticas, uno de mis mayores empeños es transmitir la idea de que las Matemáticas, al menos en la Educación Obligatoria, son, sencillamente, una herramienta para facilitar el desenvolvimiento en la vida diaria. Las Matemáticas no son sólo numeros, figuras y fórmulas incomprensibles y distantes del día a día. Más bien, al contrario, las Matemáticas facilitan el día a día.
Hace 32 años, era el siglo pasado, terminé los estudios de Matemáticas en la Universidad de Santiago de Compostela. Era la época de las "vacas gordas" en lo laboral. Encontré mi primer trabajo en León, ciudad a la que quería ir, en el Instituto "García Bellido". Era más joven que la mayoría de mis alumnos, de un COU nocturno. Estaba muy asustada. Los de 5º y COU diurnos tenían la edad que correspondía (15-17 más o menos). Y me asustaba lidiar con adolescentes o poco más. Al año siguiente encontré trabajo en la E.U. de Formación del Profesorado de León, a la sazón dependiente de la Universidad de Oviedo (hoy es Facultad de Educación de la Universidad de León).
En cuanto tuve oportunidad, creo que era 1980, intenté asegurarme el trabajo, y oposité a aquello que llamaban Agregados de Escuela Universitaria. Después nos reconvirtieron a Titulares de Escuela Universitaria con Área de Conocimiento y todo, a la que podíamos optar. Lo hice por Análisis Matemático. La elección del área me obligaba también a dar clase en la Diplomatura de Empresariales, además de en la Diplomatura en Profesorado de E.G.B. No me gustaban ni el mundo de la empresa ni dar clase a grupos de más de 100 alumnos. Lo de "orador sagrado" nunca lo llevé bien. El modelo del profesor como dispensador único de la ciencia, no me gustaba. Antes de que se pusiera de moda, opté por el protagonismo de los alumnos en el aula. Pero no sabía como hacerlo. Mi descontento con los resultados iba a más.
Me decidí a aprender sobre lo que llamamos "enseñar" y "aprender". Tuve la suerte de que me admitieran en un programa de Doctorado de la Facultad de Ciencias de la Educación, de la U.N.E.D. Aterricé en un mundo nuevo, en el que la lógica binaria, propia del razonamiento matemático no servía. Conseguí el Título de Doctora con un trabajo sobre diseño y evaluación de un programa basado en la evaluación formativa. Aprendí muchas cosas. Aprendí que el profesor podía hacer otras cosas en el aula, además de la exposición "magistral". Aprendí que no todo el mundo aprende de la misma manera. Aprendí que para aprender hay que "querer, saber y poder" hacerlo. Aprendí que evaluar poco tenía que ver con poner notas… Durante un tiempo me dediqué a investigar sobre evaluación. El fruto de mis investigaciones fueron repercutiendo en las aulas, de modo que, ahora, el clásico examen, es un instrumento de evaluación más y para nada el más importante.
Mi interés por lo educativo, por encima de lo matemático, se hacía patente: me cambié de Área de Conocimiento, a Didáctica de las Matemáticas. Alrededor de 1990 tuve oportunidad de hacer realidad uno de mis sueños infantiles: trabajar en Latinoamérica. Conseguí una ayuda de la AECI y me fui a un lugar perdido en Brasil, Frederico Westphalen, Rio Grande do Sul, para trabajar 6 semanas en la URI (Universidade Regional Integrada do Alto Uruguai e das Missões). A partir de ahí todos los años, durante 8 cursos académicos recibí estudiantes y profesores de distintas universidades latinoamericanas y todos los años fui allá (URI, en Brasil; Universidad Nacional de General San Martín, en Argentina, Universidad Central de las Villas 'Marta Abreu', en Cuba). La experiencia del intercambio fue muy buena.
Hacia el 2000 tuve la posibilidad de optar a una Cátedra de Escuela Universitaria de Didáctica de las Matemáticas. En aquel momento, las Tecnologías de la Información y de la Comunicación estaban irrumpiendo en las aulas de manera exponencial. Con toda la osadía (ahora lo reconozco) me lancé a por ellas, haciendo mi Proyecto Docente para la asignatura La Tecnología Informática en la Educación Matemática. Y en ello sigo, modificando año a año dicho proyecto.
No es un campo cómodo para mi, que soy de la era pre-ordenador, incluso pre-televisión. No es cómodo, pero es necesario. Internet cambió radicalmente la forma de comunicarse y la comunicación en el aula no puede quedar al margen. El desarrollo de Internet puso el conocimiento a disposición de muchos ciudadanos. El profesor dejó de tener el monopolio del conocimiento. Y esto me gusta. Me gusta ser la compañera "experta" en las clases de Matemáticas y su Didáctica de unos poc@s futur@s maestr@s. Nunca me gustaron las tarimas.
En este momento, a punto de entrar en el EEES, mis futuros alumnos puede que ni estén físicamente en las aulas, la comunicación virtual se hace imprescindible. Pues bien, ahí ando tratando de encontrar formas de integrar Herramientas colaborativas web en las aulas reales y virtuales
La relación de congresos a los que asistí, de publicaciones que tengo, cargos que tuve, no creo que sea necesaria. Hay buscadores que hacen maravillas. Además, quedo a disposición de quien se interese por mi trabajo: me encanta compartirlo.